En literatura latinoamericana, vemos el tema de
conectarse con su identidad materna, o sea, el deseo a volverse y encontrarse con
lo que ha perdido. Esto es el caso por Pilar Soñar en Cubano. Se siente cada vez mas angustiada al ver que va
perdiendo sus recuerdos de Cuba y, por tanto, un elemento esencial de su
identidad. “Cada día que pasa, Cuba se desvanece un poco más dentro de mí, mi
abuela se desvanece un poco más dentro de mí. Y el lugar que debería está ocupado por nuestra historia, está
ocupado tan solo por mi imaginación” (187). Cuba, para Pilar, representa el país
soñado y añorado, un trozo de rompecabezas que completa su identidad. “Cuba es
un exilio muy peculiar, pensó yo,” reflexiona Pilar, “una isla-colonia. Podemos
llegar hasta ella en un vuelo charter desde
Miami en treinta minutos, o bueno podemos elegir no ir nunca” (289). Al fin,
Pilar por primera vez, está sonando en español, como si era parte de su inconsciencia
(315).
Lourdes,
por otro lado, descubre de su ser, el del baile. Ve bailar un cha-cha-chá a Pilar
con Ivanito, y se da cuenta de su torpeza: “Baila como una americana,” pensó.
Ivanito, en cambio, bailaba estupendamente” (296). Luego cuando Lourdes bailaba
con Ivanito, se da cuenta que llevaba muchos anos rechazando todo lo cubano, “Cuando
Lourdes finalmente se puso a bailar con su sobrino, se sintió poseída por las
congas, por un deseo incontrolable de bailar. Su cuerpo recordaba lo que su
mente había olvidado” (296). Las dos muchachas lo encontró lo que permiten a
reencontrar su país. Por Pilar era por maneras del lenguaje y por Lourdes era
el baile.